“Una mujer, un voto”, el legado de las ‘Suffragettes’

Una marea morada ha recorrido este 8 de marzo las calles de cientos de ciudades en todo el mundo en defensa de la igualdad de la mujer. Una movilización, que se ha hecho histórica en lugares como Madrid, Buenos Aires o Teherán reivindicando los pasos que aún quedan por dar para conseguir que la mitad de la población goce de los mismos derechos y oportunidades que los hombres.

Un largo camino por recorrer que tiene su inicio, entre otros, en el movimiento a favor del voto femenino en Inglaterra a principios del siglo XX reflejado en la novela gráfica Sally Heathcote: Suffragette (La Cúpula). Del francés, sofrage, que deriva del latín suffragium y significa voto, este derecho se conquistó en el territorio británico parcialmente en 1918 y finalmente en 1928. En España, el voto femenino se aprobó en 1931, gracias a personalidades como Clara Campoamor, una ferviente política feminista que luchó por este derecho durante la segunda República.

La película, Suffragettes, inspirada en el cómic de Mary M. Talbot, Kate Charlesworth y Bryan Talbot, recuerda el inicio del movimiento feminista desde el punto de vista de un grupo de mujeres inglesas lideradas por una una madre, esposa y empleada de una lavandería interpretada por Carey Mulligan. La cinta, dirigida por Sarah Gavron y estrenada en 2015, retrata el viaje hacia la conciencia política de esta joven, que se irá acercando al movimiento Women´s Social and Political Union (WSPU) creado por Emmeline y Christabel Pankhurst en 1903, más conocido como suffragettes. Sus actuaciones, que llegaron a ser unas de las más influyentes dentro del activismo político a favor del reconocimiento de los derechos de la mujer, defendían “acciones, más que palabras”, tal como recita el personaje de Emmeline Pankhurst interpretado por una Meryl Streep, que aparece en la cinta tan solo como un ‘flash inspirador’.

sufraggettes
Fuente: Libro “Sally Heathcote: Suffragette” (La Cúpula)

Es importante aclarar que entre finales del siglo XIX e inicios del XX, se originaron en Reino Unido dos movimientos paralelos en defensa del sufragio femenino: sufragists y sufragettes, aunque en español se traducen ambas como sufragistas. El primero fue el grupo moderado encabezado por Millicent Garret Fawcet, fundadora del National Union of Women’s Suffrage Societies. Y por otro lado, el WSPU, creado posteriormente por Pankrust ante la falta de resultados de la estrategia moderada. Este otro movimiento era partidario de acciones más radicales, desde la desobediencia civil acuñada por Henry David Thoreau a explotar buzones, perseguido por las autoridades.

La película dirigida por Sarah Gavron, recalca además aspectos que pueden ser desconocidos para algunos, como que no todas las sufragettes eran mujeres, las detenciones injustificadas de manifestantes y las duras condiciones de su paso por prisión, que incluía la alimentación forzada durante las huelgas de hambre, tal como señala Jacqui Turner, profesor de historia moderna de la Universidad de Reading. El guión no se olvida tampoco de los políticos que parecían apoyar a las mujeres como Lloyd George, pero que finalmente no escucharon sus aportaciones.

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